Algunos artistas encuentran en la pintura un medio idóneo para acercarse a la naturaleza más profunda de su ser. Un vehículo que les permite recorrer en su interior el camino que conduce hacia la revelación y la conciliación de numerosos misterios. Ricardo Ávalo es uno de ellos y esto se evidencia en El dogma de las ilusiones, su más reciente propuesta artística. Desde los comienzos de su carrera en la década del 90, su obra ha estado atada a los aspectos de la condición humana y su relación con el universo. Primero aborda el tema de la génesis a través de formas primigenias que dieron paso a la serie Danzantes (1993), en donde exploraba el baile como ritual mágico-religioso. En su exhibición A través del silencio (1995), se valió de la fuerte carga simbólica del pez para manifestar las inquietudes de su psique.
Sus figuras antropomorfas darían paso a La naturaleza como el alma (1999), en donde trabajó el paisaje natural como reflejo de nuestra condición humana. Más adelante, explora las relaciones físicas del espacio en Del viaje azulado; Memorias de la caja negra (2001), una exhibición cuyo concepto y título resultaron ser premonitorios, ya que cuatro días antes de su clausura tuvieron lugar los dantescos sucesos del 11 de septiembre. En Informal (2002) entrelazó elementos que hasta ese momento había trabajado individualmente como la caja, el paisaje y las monumentales estructuras arquitectónicas, para denunciar el reemplazo que han sufrido la naturaleza y la espiritualidad por la cultura de las ciudades.
A lo largo de su carrera, Ávalo ha logrado crear un sistema de símbolos e íconos que manifiestan su visión estético-religiosa del mundo. Además, ha desarrollado su propio lenguaje formal, el cual se ha nutrido de múltiples estilos y movimientos de la historia del arte, particularmente el expresionismo abstracto y
el informalismo.
Como podemos apreciar en esta fugaz mirada a su trayectoria, Ávalo inició su camino hacia el autodescubrimiento a partir de los enigmas de nuestro origen. Las obras de esta exhibición son el testimonio de que su recorrido continúa a paso seguro, sólo que en esta ocasión ha cambiado de dirección. Nos trae una nueva visión sobre las preocupaciones conceptuales que ya se había planteado en sus obras previamente.
Utiliza el lenguaje plástico y el proceso creativo como herramientas para crear unas composiciones que evocan una especie de cartografía del inconsciente. Ávalo considera que el autoconocimiento es el único camino que nos conduce hacia la comprensión de los misterios del cosmos, de manera que elabora mapas experimentales en sus lienzos como parte de su búsqueda. Abandona la figuración, un elemento que había permanecido constante en su obra hasta este momento. En su esfuerzo por cultivar una relación más íntima entre su mente y su mano, enfatiza la abstracción, el gesto, el proceso y la subjetividad.
En las pinturas que integran esta exhibición podemos ver cómo favorece la vertiente dibujística, la espontaneidad, lo inacabado. En algunas piezas, el pintor incluso deja al desnudo partes de la superficie de la tela, algo que contrasta significativamente con su producción artística anterior en donde el peso del pigmento y las cualidades táctiles de la superficie eran su prioridad. Ahora el protagonismo le corresponderá a la línea… ésta se convertirá en signo de orientación y medio de expresión pura. En “Espacio y materia” encontramos una forma persistente en sus lienzos. En ambos extremos del lienzo dibuja dos flechas, cuyas orientaciones sugieren los infinitos ciclos de muerte y renovación que experimenta cada elemento del universo. Una mancha surca el centro de la composición evocando una cicatriz. En medio de los brochazos que la conforman, descubrimos que el artista ha incorporado masilla al lienzo, para luego rasgarla, creando líneas a lo largo de ésta. El artista nos está hablando de las heridas que sufriremos en nuestro recorrido, pero a la misma vez augura el proceso de sanación al ubicarla dentro de una atmósfera bañada de luz.
El aspecto del lienzo como mapa se hace más evidente en pinturas como “Convergencia”. Una línea roja dirige nuestra mirada hacia un par de líneas cruzadas. El próximo elemento que llama nuestra atención es un rectángulo, cuyas esquinas han sido intervenidas por círculos. En su interior dos flechas cruzadas parecen darnos coordenadas en el espacio y sugerirnos que cambiemos nuestro curso. El artista utiliza la carga simbólica del cruzamiento con el fin de representar la convergencia de sistemas opuestos y complementarios, como la ciencia y la espiritualidad.
El título de esta exhibición no es fortuito. Ávalo está convencido de que la respuesta a las preguntas que la razón no puede contestar se encuentra en las ilusiones. Cada cuadro de esta muestra invita al espectador a liberarse de los lastres que representan las convicciones limitantes y a expandir los horizontes de su mente.
La autora es historiadora del arte, especializada en el arte puertorriqueño; ha sido crítica de arte durante cuatro años, publicando artículos y ensayos para los diarios El Nuevo Día y El Vocero, la revista Arte Latinoamericano y el Festival de Cine FOCO de Columbia College, Chicago. Desde marzo hasta mayo de 2004, trabajó como coordinadora del Simposio Internacional de Escultura de la UPR. Actualmente se desempeña como reportera y crítica de arte en El Nuevo Día, y se encuentra trabajando en su tesis de investigación titulada “Pablo Rubio: incansable creador y promotor de la escultura monumental en Puerto Rico”.