Se dedicó, una vez más, a ilustrar los pensamientos que fluyen en su memoria. Ricardo Ávalo retoma el tema que tanto le apasiona -la condición humana- en lienzos abstractos repletos de fuerza que presenta en Teorema de los arquetipos, sombras y paradojas. La muestra, que inauguró esta semana, permanecerá abierta al público hasta el 10 de septiembre en Pamil Fine Arts, galería ubicada en la Avenida Glasgow #1897, Extensión College Park. “Siempre hay un eslabón que me lleva a pasar a otra etapa de la investigación de la condición humana. En el plano personal busco cómo me enfrento a la pintura y en el profesional a develar lo que nos distingue de los animales”, menciona el artista. Asegura Ávalo que siente especial interés por “ilustrar la estructura de los pensamientos, de la conciencia y de la memoria”. “Es un reto plasmar cómo podría ser el espacio dentro del espacio en que vivimos”, revela, “en el discurso plástico busco cómo integrar los materiales con dibujos, líneas y perspectivas para interpretar los pensamientos”. Los cuartos de la mente parecen emerger entre sombras. “Cuando se piensa en la memoria se asocia con sombras y ahí empiezo a trabajar con el carbón. Pero me doy cuenta, y ahí está la paradoja, que en esas mismas sombras hay luz. Lo que pasa es que no nos detenemos o no nos adentramos a buscarla”, opina. Bajo el escudo de la sombra está la luz y, para el artista, en la meta de encontrarla está “el crecimiento humano”. “Pero muchos prefieren no pasar trabajo”, lamenta. Caja de pandora Quince piezas trabajadas en formato mediano incluyen la producción. “Son abstractas pero hay referencias espaciales, toda abstracción parte de algo concreto y hay un anclaje para el espectador”, dice al tiempo que pone a manera de ejemplo piezas como Registro de lo imaginario y En la ciudad de las sombras. Las puertas y ventanas que ubica en los vericuetos de la mente de sus pinturas se le asemejan a las que el espectador pudiera enfrentar en el autoanálisis. “Cuando las abres descubres que nos han formado; uno lo acepta y crece”, asegura. Tal como se espera, el artista prepara de forma inicial una serie de bocetos y dibujos previos a su trabajo en el lienzo. “Tienen mucho que ver con mis lecturas y con lo que he vivido y visto”, detalla el artista que el pasado año presentó El dogma de las ilusiones, otra muestra en la que exploraba el tema. Los medios mixtos que presenta el artista se nutren de lápiz carbón, de grafito, de esmalte, de látex, de macilla, de polvo de mármol, de acrílico y de polímeros. “Hay de todo sobre el canvas, pero bien puesto”, menciona aludiendo a la durabilidad de los materiales usados. “Usé algunos materiales que se consiguen hasta en la ferretería y no en centros de arte. En parte es para presentar un discurso de consumismo versus la creación de arte”, asevera. Ávalo no visualiza un cambio drástico de tema. Parecería que mientras más lo trabaja más inquietudes quedan inconclusas. “Esto es el infinito”, dice en torno a la exploración de la condición humana, “es como abrir una caja de Pandora. Y ésta es sólo mi interpretación, hay muchísimas más porque somos un universo”. Cada vez que reflexiona en el lienzo en torno a la forma del espacio en el espacio, saltan a su pensamiento múltiples paradojas. “Nacemos para morir o amamos a nuestro enemigo; ahí hay algunas (paradojas. Pero aún así continuamos viviendo y de eso se trata, de que lleguemos a un momento en un futuro donde estas situaciones sean cosas del pasado”, anhela. Al momento Ávalo está en vías de conformar, con otros pintores abstractos, un grupo de artistas. “Tenemos proyectado exponer en el Museo de Arte Contemporáneo en el 2008”, adelanta sin ofrecer más detalle en torno a los integrantes del mismo.