Los sueños compartidos, eso que Jung llamó el inconsciente colectivo, parecen haber encontrado en el arte moderno la mejor manera de materializarse. Ricardo Avalo, joven pintor puertorriqueño, abandonó –quizás sin saberlo– su mundo individual, para convertirse en efectivo transmisor de la realidad de su tiempo.
La nueva exposición del pintor, integrada por 20 obras, destila aires de libertad artística. Algunos trazos impecablemente imperfectos; colores que se yuxtaponen; pinceladas caprichosas; sombras que son sólo figuras, formando una reverencia al buen arte. Elementos todos de "Informal", la más joven de las propuestas de Ricardo Avalo, que se expondrá en el Cuartel de Ballajá desde el próximo martes 5 de febrero.
El lienzo "Sede de los arcanos" enseña al espectador, en plano protagónico, una estructura arquitectónica a la que se accede a través de seis escalinatas. La fachada muestra un friso colgadizo y tres hileras definidas de ocho ventanas abiertas, en curioso juego de sombras y luz, de ocres y blancos. Los trazos son irregulares, pero bien definidos. Los detalles, vistos por separado, resultan lúgubres y vetustos, pero el conjunto invita a acercarse y a entrar, probablemente, hacia niveles más elevados de la conciencia.
Avalo se recrea en los pequeños detalles que aparecen sólo un tiempo después de observar la "Sede de los arcanos". Las ventanas abiertas pueden ser nichos; el techo se convierte en una mesa y, entonces, la batería de significados cambia completamente. Remarcan la composición los contrastes entre amarillos y rojos; chorreado intencional de la pintura y espacios limpios. El resultado se torna curioso. Lo antagónico se transmuta en equilibrio y balance. Un logro indiscutible para el artista.
En las piezas que componen "Informal", Ricardo Avalo utiliza el óleo, esmalte y brea. En ocasiones los combina con alfileres, cables o separadores de losetas para conseguir texturas novedosas, que resaltan el discurso pictórico. Entre las piezas existen elementos unificadores representados por los colores ocres y el negro de la brea; espacios limpios; trazos sin dirección ordenada; geometría en las figuras y el uso reiterativo de nichos (o ventanas), cajas y arcas. La no existencia de marcos que limiten las estructuras hace referencia al pintor Clyfford Still. Mientras que las pinceladas sin intención recuerdan al expresionista Franz Klain.
Ricardo Avalo se las ingenia para mantener un discurso cargado de esperanza. En "El arca II. El culto a la desolación", el artista centra su atención en el elemento mitológico del arca. Con la particular característica de que ésta flota dentro de una atmósfera etérea, anclada a tierra por tensores, como a la espera de un embiste que genere fuerzas positivas. La composición forma un tríptico con toda la carga sensorial que encierra
la trilogía.
"Informal" es la octava exposición personal de Ricardo Avalo. No solamente constituye evidencia de su evolución espiritual y pictórica, sino que sienta nuevas pautas para interpretar el arte. Cada uno de los espectadores podrá identificar sus sueños en las piezas de Avalo. Y es que "Informal" es ese espacio que nos conecta a todos. Es energía.
La exposición "Informal" tendrá su apertura el martes 5 de febrero en el Museo de las Américas, antiguo Cuartel de Ballajá en el Viejo San Juan.